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La carta de presentación



La remuneración pretendida


Al contestar un pedido de empleo, nos encontramos que solicitan acompañar al Curriculum Vitae con un dato muy difícil de determinar: "remuneración pretendida".
¿Cómo salir bien parado de esta encrucijada?

Detectar la posibilidad de una buena propuesta laboral no es una tarea fácil. Cuando por fin se encuentra un aviso interesante, y se decide a contestarlo, hay que tratar que la redacción de la carta que acompaña al Curriculum Vitae responda a cada uno de los ítems que se determinan en el aviso. Es sumamente importante no dejar de responder a ninguna de las características que se piden; las cumplamos o no, se debe dar una respuesta positiva o negativa. En el caso que no resulte posible satisfacer totalmente el requerimiento, es adecuado argumentar o proponer soluciones alternativas como reforzar la capacitación, compensar con alguna experiencia de características similares, etc.

Lo que de ninguna forma resulta conveniente es ignorar puntos requeridos. Si "nos hacemos los distraídos" y no respondemos lo que se nos pide, lo que probablemente generemos será desconfianza o rechazo.

Hasta aquí el asunto parecer ser sencillo, sólo habría que prestar atención y poner cuidado en qué se dice y cómo se dice, pero... existe un punto donde debutantes y veteranos se sienten en terreno resbaladizo: Incluir la REMUNERACIÓN PRETENDIDA, sentencia el aviso.

Acá las cosas no parecen ya tan sencillas. Esta difícil respuesta varía según la situación particular de cada uno y en qué momento profesional se encuentre. El conjunto de factores a tener en cuenta condicionará las respuestas que se dé a ese requisito.

¿Cuánto valgo?

Debutantes: No pueden tener la certeza de cuánto vale su trabajo, pues ni siquiera saben exactamente qué pueden dar de sí. Por lo tanto, la cifra surgiría de un mix entre remuneración y oportunidades de desarrollo personal. Aún en el caso de no cerrar los números, podemos decidir que vale la pena "invertir" en la empresa con el objeto de adquirir experiencia o hacernos conocer.

Junior: En este caso ya hay algo de experiencia, y la prioridad es crecer dentro del área de competencia. Es el caso del joven profesional que enfrenta niveles intermedios de responsabilidad, por lo tanto deberá contemplar las posibilidades de desarrollo y sus necesidades económicas para determinar la cifra.

Senior: Posee como capital su trayectoria laboral; por lo tanto debe capitalizar este valor y cotizarlo. Debe ponerle "precio" a la experiencia adquirida, y probar que se puede cumplir con los roles más exigentes de la plaza.



Dificultades a la hora de elaborar la respuesta adecuada

  •  No conocer cuál es el valor promedio que se está pagando por
     una posición similar en el mercado.

  •  No estar al tanto del grado de exigencia que implica el  cumplimiento de las tareas asignadas.

  •  Desconocer el "techo" de crecimiento dentro de la empresa.

  •  Ignorar otros beneficios no remunerativos, como por ejemplo,  bonificaciones adicionales, capacitación, premios, etc.


No es fácil contestar a ciegas sobre la remuneración que consideramos nos corresponde en relación con una tarea de la cual ignoramos sus particularidades.

En términos generales es preferible no eludir la respuesta al contestar el aviso. Alguien que no responde lo que se pide expresamente, da una imagen poco satisfactoria.

Una alternativa posible y muy utilizada es dejar la cifra abierta al diálogo, dejando claro que se está dispuesto a poner como punto base los valores de mercado para posiciones similares. Si bien esto implica el riesgo de que descarten nuestra postulación por no haber contestado una cifra exacta, existe también la posibilidad de que, al poner esa cifra de acuerdo a nuestras pretensiones o necesidades, se nos deje de lado por estar ella fuera de la pauta (por muy alta o por muy baja). Tengamos presente que la empresa generalmente ya tiene el valor determinado de antemano.

En mi opinión personal, una organización que no acepta una propuesta de posponer la discusión salarial hasta el momento de la entrevista, puede dar lugar a pensar que prioriza la importancia de un número determinado de pesos (que aún nadie dijo que no va a aceptar) anteponiéndola a los valores individuales del postulante. Está en cada uno de nosotros decidir si deseamos o no relacionarnos con una empresa que detenta esa política de valoración de sus recursos humanos calificados.

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Fuente: Revista Becas & Empleos Nº 64. Autor: Lic. Liliana Velarte.

 


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